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28/11/2017 – “El pacto social se ha roto”
Descripción del artículo

Antón Costas sitúa el auge de los populismos, incluido el independentismo catalán, en el final de la socialización del crecimiento económico

Juan M. Marqués Perales

El economista Antón Costas es uno de esos intelectuales españoles que lleva años dedicado a pensar sobre España, aunque desde su campo, la economía, pero con incursiones consecuentes en otras áreas sociales. Acaba de publicar El final del desconcierto, que es el final porque este catedrático de la Universidad de Barcelona ha salido de la incertidumbre personal en la que se adentró en el año 2007 con el inicio de la crisis financiera, una crisis que derivaría en económica y en política.

Lo hemos visto en España, con la aparición del movimiento de los indignados y su resultado como partido, Podemos, y últimamente con el independentismo catalán, al que sitúa en un mismo fenómeno populista. Costas sostiene que el origen del movimiento populista en todo el mundo es la ruptura del pacto social, aquello que comenzó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial y que se materializó en los grandes acuerdos entre los partidos de izquierdas, los liberales y los conservadores.

Un pacto que es un nexo entre dos fenómenos: crecimiento económico y progreso social. Antes que iniciar las revoluciones, convenía beneficiarse del crecimiento económico, socializar su éxito. Ese era el gran acuerdo. Y en España esto se hizo efectivo, en especial, a partir de los Pactos de la Moncloa, firmados por los partidos de izquierdas, los sindicatos de clase y los partidos conservadores. Eso es, según Costas, lo que se ha roto, lo que hay que volver a enlazar y, en su opinión, hay que comenzar por mejorar la redistribución del éxito económico. Nos encontramos, pues, ante un problema de desigualdades.

Costas presentó anoche su nuevo libro en el club Antares, como un acto del Observatorio Económico de Andalucía, al que se encuentra ligado. Hasta hace unas semanas, fue el presidente del Círculo de Economía, el importante grupo catalán que se ha venido pronunciando en contra de las vías unilaterales.

Si el problema de la economía española es la redistribución no se debe, según el catedrático, al escaso poder instrumental de los impuestos. No se trata de subirlos. Más bien detecta tres problemas: la escasa estabilidad de la economía española, que da bandazos extremos en caso de crisis, arrojando a millones de personas al desempleo; la presencia de precios ineficientes, básicamente en el sector de la vivienda y todo lo que le acompaña, precios altos junto a escasos ingresos que abonan un campo de pobreza, y unos salarios bajos, porque se ha querido ganar competitividad a base de bajar sueldos. Por tanto, y esto es un resumen periodístico, el crecimiento económico existe, porque ahí están los datos, pero no llega a todos o no llega a muchos: bien porque están parados, porque apenas les queda dinero después de pagar la casa, la luz y el agua o porque el salario es, realmente, bajo. Es esto lo que lleva a esa ruptura de pacto social.

Costas propone, por ejemplo, que las empresas ganen competitividad con el logro de mayores tamaños, aún siguen siendo muy pequeñas, y con un modelo organizativo más creativo y menos jerárquico. En definitiva, menos antiguo. El profesor Costas ha aplaudido la reciente preocupación de Bruselas por los bajos salarios, porque es uno de los vehículos que socializan el éxito económico de un país.

¿Cómo comenzó todo? A su juicio, la aparición de los populismos es común en todos los países, pero en algunos casos son populismos de izquierdas, otros son de derechas. Hay, según el profesor, otro denominador común: la caída de los partidos socialdemócratas. En efecto, ha pasado en Francia, en Reino Unido, en Alemania, en España, en Italia. Allí donde hay populismo hubo una pérdida de confianza de los electores hacia la socialdemocracia porque estos partidos estuvieron en el origen del pacto social. Vale, tú puedes obtener buenos beneficios, pero habrá trabajo, una seguridad en caso de enfermedad, de paro y de jubilación. Y, además, una educación pública que garantiza la igualdad de oportunidades. Mantiene Costas que los socialdemócratas arrojaron la toalla a finales de los años ochenta, que creyeron en una "utopía cosmopolita" por medio de la cual el liderazgo de la modernización debía pasar a los mercados; éstos serían quienes procurarían crecimiento y el encauzamiento de las pasiones sociales. Eso es la tercera vía de Blair y de tantos otros socialdemócratas europeos.

Y a ello se unió la crisis de 2007 y la nefasta actuación de las autoridades europeas con las políticas de austeridad. Se comportaron, según Costas, como testigos de Jehová que, por dogma de fe, se opusieron a las "transfusiones" de sangre, de dinero barato, a la economía. Mientras la Reserva Federal de EEUU inundaba de dólares el país, los nuestros, acuérdense de Trichet, se negaba a la terapia, obligado por los países europeos mejor situados que tacharon a los del sur de indolentes y manirrotos. En definitiva, el desastre económico que vino después y al que siguió la crisis política que se ha traducido en el Brexit, en el independentismo catalán y en el fortalecimiento de los partidos xenófobos en toda Europa.

En el caso de Estados Unidos, donde Donald Trump es el perfecto ejemplo del ascenso del populismo, Costas opina que ha habido razones económicas, también allí hay una congelación salarial de décadas, con otras de índole cultural, centradas en el miedo a situaciones futuras de escasos empleos.

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