Fueron muchas las señales anunciadoras de la crisis pero los gobernantes no supieron interpretarlas a tiempo
23-01-2009
Analizar la crisis en la que está sumido el país, las consecuencias derivadas en el territorio andaluz o la influencia de esta situación sobre el turismo malagueño son algunos de los temas que hemos tratado con el presidente del Observatorio Económico de Andalucía, Joaquín Aurioles...
El Observatorio Económico de Andalucía es una asociación sin ánimo de lucro e independiente que trabaja desde 1990 en todo el territorio andaluz y que está formada por unos cien economistas y profesionales de distintos ámbitos que se reúnen con los objetivos de construir un foro de análisis y reflexión sobre la realidad socioeconómica andaluza y sus tendencias, así como promover el intercambio fluido de ideas, estudios y propuestas, y colaborar en el avance social de Andalucía.
La actividad principal del Observatorio se centra en sesiones plenarias donde se analiza la situación económica de Andalucía. En las sesiones regulares, los ponentes invitados tratan un tema de actualidad, a lo que sigue un debate con los asociados y la difusión posterior de las conclusiones más sobresalientes. Asimismo, el Observatorio también ha organizado mesas redondas, debates internos sobre temas monográficos, o ruedas de prensa sobre las conclusiones más significativas, entre otros asuntos.
-¿Cómo se define el Observatorio Económico de Andalucía?
-Como una Asociación independiente. Nuestro presupuesto es muy limitado pero presumimos de no tener un solo euro procedente de las arcas públicas. Contamos con el patrocinio de algunas cajas (Unicaja, Cajamar, Caja Granada, Cajasol y La Caixa). Somos una sociedad puramente civil e independiente, sin pretensiones de tirarle de las orejas a nadie.
-¿Cuál es la mayor preocupación del Observatorio?
-La ausencia de sociedad civil en Andalucía. Por desgracia, sufrimos un barniz que lo tiñe todo con un cariz oficial. El Observatorio no tiene sede, ni personas empleadas, debido a su ajustado presupuesto, pero lo que sí tenemos claro es que no queremos dinero público porque no estamos dispuestos a ceder independencia. Nacimos siendo independientes y así seguiremos.
-¿Cómo está sufriendo la economía andaluza los efectos de la crisis española?
-La economía andaluza tiene los mismos problemas que el resto del país pero con algunos ingredientes propios que se concentran en cuatro pilares básicos. Hasta ahora, hemos contado con unas excepcionales condiciones de financiación, ha habido mucho dinero barato. Asimismo, el sector de la construcción ha permitido en estos últimos años generar grandes riquezas. En tercer lugar, la inmigración ha sido un pilar fundamental puesto que los inmigrantes han permitido que no crezca el salario real y han cubierto muchos puestos de trabajo tanto en la construcción, como en el turismo o en la agricultura. El último pilar fundamental han sido las ayudas europeas. Pero estos cuatro pilares se han resquebrajado y son incapaces de mantenerse puesto que la estructura sobre la que se construyeron no era sólida. Dichos pilares se han convertido en una trampa que nos va a dificultar bastante la situación de los próximos años. Ahora tenemos trenes de alta velocidad, universidades, hospitales, etc., pero la mayor parte en la cola de los rankings.
-De estas afirmaciones se deduce que la economía andaluza no es sólida.
-En efecto. Si tuviera que explicar esta situación con un símil te diría que la economía andaluza es grande y gorda pero que se ha olvidado de hacer los músculos y ahora tiene que competir y no tiene fuerza alguna. Gastamos un 15% más de lo que producimos por lo que necesitamos ingresos de fuera.
-¿Cómo se traduce esta situación que dista bastante de ser positiva a nivel de la provincia de Málaga?
-Málaga es un paradigma de lo que ha ocurrido en Andalucía, ya que también a nivel provincial ha habido liquidez abundante y barata. Por desgracia, la crisis económica es como una epidemia: arrasa a cerca del 40% de la población. Serán las actividades emergentes las que nos saquen de esta situación.
-¿Qué responsabilidades políticas se pueden depurar?
-Sin duda, los responsables políticos tenían que haber tomado medidas anteriores y, sobre todo, no negar la inminencia de la crisis. Hasta este verano, los gobernantes no reconocieron esta situación que desde hace bastante tiempo se viene prediciendo por los economistas. Ahora, la solución no es la dimisión de los responsables políticos, tal y como están pidiendo los opositores, ya que la situación no cambiaría. Las medidas se tendrían que haber tomado antes para frenar los efectos de la crisis. Por ejemplo, no se tendría que haber permitido el crecimiento tan exagerado que experimentó el sector de la construcción, ni las concesiones de las hipotecas de riesgo, que ahora están ahorcando las economías familiares. Es una tremenda irresponsabilidad haber permitido que los ciudadanos vivamos rodeados de este sistema económico sin solidez.
-¿Está el sector turístico en crisis?
-El turismo no está en crisis, pero sí que se ha visto afectado por ella. No obstante, el sector se comportó bien hasta el verano de 2008. Los dos primeros semestres del año, es decir, hasta junio, el número de visitantes aumentó en la provincia malagueña, así como los gastos que generaron. De hecho, éramos positivos y con los datos que barajábamos esperábamos que el año cerrara siendo bueno para el turismo. En cambio, llegó el verano y todo se vino abajo. El sector ha tenido una caída brutal en la segunda mitad del año, que lo ha conducido a hacer ajustes. El futuro inmediato va a ser grave y duro.
-¿Cómo debe afrontar el sector turístico esta situación?
-Adaptándose a los cambios. Seguirá viniendo gente procedentes de muchos lugares pero demandarán productos diferentes. Los empresarios de este sector tendrán que hacer un fuerte ajuste en los precios y tendrán que adaptarse a los nuevos tiempos. Una de las soluciones será extender el “low cost” de las compañías aéreas a los hoteles y restaurantes.
-Hay voces que apuntan a que serán los mejores de cada sector los que sobrevivirán en esta crisis. ¿Qué opinión le merece dicha afirmación?
-Estoy totalmente de acuerdo. La crisis, sin duda, saneará el mercado. Habrá un proceso de renovación intenso y muchos se irán pero otros se quedarán. Esta situación no perdurará mucho en el tiempo porque el país no puede vivir con el 20% de ciudadanos en el paro, por lo que el ajuste se está produciendo ahora.
-¿Se retrasaron mucho en afirmar que estábamos en crisis?
-En un primer momento se decía que estábamos viviendo una crisis de demanda. Más tarde mantuvieron que la crisis era de oferta. Hasta el pasado verano no vieron con claridad que la banca española se hundía y si el Gobierno no hubiese intervenido se habrían visto muchas personas en las colas de los bancos. Información no faltó pero interpretaron mal las señales.
-¿Será el 2010 el año de la recuperación económica tal y como algunos apuntan?
-Quiero ser optimista pero a esa pregunta no me atrevo a darle una respuesta positiva. Una vez que admitimos todos estar en crisis, comenzó una etapa de ajustes que aún no ha acabado porque todavía no se ha llegado al cierre de un porcentaje elevado de empresas, lo que indica que muchos empresarios están aguantando la situación. Además, aún no han bajado los precios que, sin duda, bajarán. Una vez que esto suceda, entraremos en una etapa plana que posiblemente no dure mucho, porque España (como he comentado anteriormente) no tiene recursos para aguantar una situación prolongada de altos índices de paro y bajo consumo. Dicha etapa calculo que comenzará en verano pero no sé lo que puede durar.
-Y con todo lo que está lloviendo, ¿estamos en un buen momento de abordar la negociación del futuro modelo de financiación autonómica?
-Por supuesto, siempre que se parta de la base de que estamos en una situación de crisis.
-¿Qué características debe tener el futuro modelo de financiación autonómica?
-Son muchos los requisitos que tiene que englobar, pero podría destacarle tres. El principal requisito es que el futuro modelo de financiación autonómica tiene que garantizar, sobre todo, que las comunidades autónomas puedan prestar a los ciudadanos los servicios que estos tienen derecho a recibir, como la corrección de las desigualdades territoriales o de los saldos fiscales entre comunidades autónomas. Asimismo, debe garantizar que los servicios sean prestados en condiciones de igualdad de oportunidades, con independencia de la residencia, y de eficiencia, en el sentido de optimizar la relación entre la cantidad y la calidad de los servicios percibidos y el coste de la prestación. Para ello sería deseable que el propio sistema provea los mecanismos necesarios para el conocimiento de dichos costes y que incentive los comportamientos eficientes en términos de reducción de los mismos. También, consideramos de suma importancia que el funcionamiento del modelo respete, en general, los criterios, como hacen la Constitución y la LOFCA.

