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El informe está elaborado por el Observatorio Económico de Andalucía (OEA) y la Universidad Pablo de Olavide, con la colaboración de la Fundación Cámara Sevilla.
El Observatorio Económico de Andalucía (OEA) y la Universidad Pablo de Olavide, con la colaboración de la Fundación Cámara Sevilla, han presentado un nuevo informe sobre la economía andaluza referido al cuarto trimestre de 2025.
El Indicador Sintético de Actividad de Andalucía del Observatorio Económico de Andalucía (IOEA) en el cuarto trimestre de 2025 registró un crecimiento del 0,7% intertrimestral. Con este dato, la economía andaluza mantiene su senda expansiva, con un crecimiento interanual del 2,8%. Esta tasa interanual supera en dos décimas a la registrada en el conjunto de España (2,6%), consolidando el diferencial positivo de la región.
Con esta cifra, la tasa de crecimiento andaluza para 2025 se sitúa en el 3,1%, tres décimas superior a la española. El crecimiento intertrimestral del 0,7%, ligeramente inferior al 0,8% registrado por España en este trimestre, evidencia no obstante la solidez de la economía regional.
Esta evolución se sustenta en el buen comportamiento de la demanda interna, especialmente visible en el consumo y la inversión en bienes de equipo, así como en el dinamismo del sector industrial.
Inflación y salarios
Durante el cuarto trimestre de 2025, las tensiones inflacionistas en Andalucía continuaron moderándose, consolidando un escenario de estabilidad de precios. El periodo cerró con una tasa interanual del Índice de Precios de Consumo (IPC) del 2,8% en diciembre, una décima por debajo del promedio nacional (2,9%). Esta evolución confirma la tendencia de contención, favorecida por los precios energéticos y la normalización de las cadenas de suministro.
La inflación subyacente (que excluye alimentos no elaborados y productos energéticos) se situó en un 2,5% en diciembre, también ligeramente inferior al dato nacional (2,6%) y aproximándose gradualmente al objetivo de referencia del Banco Central Europeo (2%). Este comportamiento refleja que las presiones estructurales sobre los precios están contenidas, ofreciendo un horizonte de mayor previsibilidad para familias y empresas.
En el desglose por grupos, destaca la moderación en los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas, que registraron un incremento anual del 2,7% (frente al 3,0% en España), lo que supone un alivio significativo para la cesta de la compra de los hogares andaluces tras los episodios de volatilidad de años anteriores.
El sector turístico mostró una notable contención en sus precios durante la temporada baja del cuarto trimestre. El Índice de Precios Hoteleros (IPH) registró un crecimiento muy moderado del 0,6% interanual en Andalucía, contrastando notablemente con el repunte del 4,2% observado a nivel nacional.
En materia salarial, los datos de convenios colectivos muestran una recuperación del poder adquisitivo más tímida en la región que en el resto del país. El aumento salarial pactado en convenio en Andalucía se situó en el 2,76% hasta diciembre, una cifra prácticamente alineada con el IPC, lo que implica un estancamiento de los salarios reales. Por el contrario, en el conjunto de España, los incrementos pactados alcanzaron el 3,53%, permitiendo una ganancia neta de poder adquisitivo superior a medio punto porcentual para los trabajadores. Esta brecha en la remuneración podría tener implicaciones en la evolución futura del consumo privado comparado.
El mercado de trabajo
El mercado laboral andaluz cerró el ejercicio 2025 mostrando una extraordinaria fortaleza, alcanzando máximos históricos de ocupación. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre, el número de ocupados en Andalucía se situó en 3.626.800 personas, un 4,0% más que el año anterior. Este registro confirma la capacidad de la economía regional para generar empleo de manera sostenida, superando holgadamente la barrera de los 3,6 millones de ocupados. Sin embargo, como consecuencia de este aumento de la ocupación, muy superior al del PIB, la productividad aparente del trabajo muestra un retroceso del 0,9 en términos interanuales, lo que nos indica una potencial debilidad para el sostenimiento del crecimiento futuro de la región.
El dinamismo de la ocupación ha permitido una reducción significativa del desempleo. El número de parados descendió hasta las 622.800 personas (-4,6% interanual), una cifra que, aunque todavía elevada, marca la tasa más baja des de 2008. En términos relativos, la tasa de paro cerró el año en el 14,7%, recortando 1,1 puntos porcentuales respecto al año anterior. Si bien la brecha con la media nacional (9,9%) se mantiene en el entorno de los 4,8 puntos porcentuales, la tendencia de convergencia continúa activa.
La evolución de la afiliación a la Seguridad Social corrobora estos buenos registros. En diciembre de 2025, el número de afiliados a último día del año alcanzó las 3.581.860 personas (+2,0% interanual), consolidando el suelo de los 3,5 millones de cotizantes.
Este comportamiento ha sido generalizado, aunque con especial incidencia en el sector servicios, impulsado por la campaña navideña y el buen tono del turismo (+8,0% en viajeros en hoteles, +7,1% en pernoctaciones), así como en la construcción, que mantiene un ritmo de actividad elevado (+2,7% en empresas inscritas).
En cuanto a la calidad del empleo, se observa una consolidación de la contratación indefinida, fruto de la estabilidad regulatoria, aunque la tasa de empleo (49,05%) todavía presenta margen de mejora para converger con el promedio español (53,09%) y europeo.
Por el lado de la demanda
La evolución de los componentes de la demanda durante el último trimestre de 2025 confirma el patrón de crecimiento robusto de la economía andaluza, apoyado tanto en la fortaleza del consumo privado como en la recuperación de la inversión. Los indicadores disponibles confirman la solidez de la demanda interna, que compensa con creces los vientos en contra procedentes del contexto internacional.
El consumo privado presenta un comportamiento dual. Por un lado, el índice de comercio al por menor registró en noviembre un crecimiento del 4,7% interanual, aunque inferior al observado en el conjunto nacional (6,1%). Esta moderación relativa se acentúa en las grandes superficies, cuyas ventas cayeron un 2,2% frente al avance del 4,8% a nivel estatal. Por otro lado, las matriculaciones de turismos —indicador relevante del consumo de bienes duraderos— experimentaron un repunte extraordinario del 15,3% interanual, muy por encima del modesto 1,4% observado en España, sugiriendo una reactivación de las decisiones de compra aplazadas por las familias andaluzas, así como por el final del paquete de ayudas.
En el ámbito de la inversión, el dinamismo es generalizado. La producción industrial andaluza creció un notable 10,8% interanual, más del doble que la media nacional (4,5%), con especial intensidad en los bienes de equipo (+7,5%), que es untermómetro de la inversión empresarial. La licitación oficial experimentó un aumento del 41,6% interanual, impulsada por la ejecución de proyectos vinculados a fondos europeos, mientras que la superficie visada para uso no residencial se disparó un 77%, anticipando una futura expansión de instalaciones productivas y comerciales. En el ámbito financiero, el dinamismo hipotecario (+22,9% en número de operaciones y+37,0% en importe) refleja la reactivación de la inversión inmobiliaria, y los flujos de
inversión extranjera registraron un incremento extraordinario del 302% en el tercer trimestre, evidenciando el atractivo de la región como destino del capital internacional.
Por otro lado, la inversión residencial atraviesa una fase de ajuste temporal, posiblemente vinculada a factores puntuales como las condiciones meteorológicas dadas. No obstante, el indicador de confianza empresarial se mantiene estable (+0,1% para el primer trimestre de 2026), sugiriendo que el tejido productivo anticipa una estabilidad de las condiciones en los próximos meses que podría mantener el ritmo de inversión observado en la segunda mitad de 2025.
Finalmente, el sector turístico cerró el año con cifras récord para una temporada invernal. Tanto el número de viajeros alojados en establecimientos hoteleros (+8,0%) como las pernoctaciones (+7,1%) crecieron a un ritmo muy superior al nacional (+5,7% y +2,9%, respectivamente). Además, el gasto medio diario por turista aumentó un 7,2% hasta los 90,8 euros, evidenciando no solo la capacidad del destino andaluz para desestacionalizar su actividad, sino también para atraer un turismo de mayor capacidad adquisitiva.
Por el lado de la oferta
La evolución de los sectores productivos durante el cuarto trimestre del año muestra un perfil de crecimiento generalizado, aunque con ritmos e intensidades diferenciadas. La reactivación de la industria y la solidez de los servicios han actuado como los principales pilares de la oferta.
El sector agrario atravesó un trimestre de ajuste, afectado por factores climatológicos y la volatilidad de los mercados de materias primas, lo que recuerda la exposición de la economía andaluza a la incertidumbre hídrica.
La industria manufacturera ha protagonizado el cambio de tendencia más significativo del periodo. El Índice de Producción Industrial (IPI) registró en noviembre un crecimiento del 10,8% interanual, un dato excepcional que duplica con creces la media nacional (4,5%). Este dinamismo del IPI responde en buena medida al comportamiento de ramas no manufactureras, mientras que la industria transformadora mostró un perfil más contenido.
Así pues, la evolución de la industria en este último trimestre de 2025 está lejos de ser uniforme en todos los sectores, destacando, no obstante, con señales muy positivas segmentos de alto valor añadido como es el de la producción de bienes de equipo, que lideró el crecimiento con un avance del 7,5%, mientras que los bienes de consumo apenas aumentaron un 0,1%. No obstante, la cifra de negocios del sector industrial muestra una ligera contracción del -2,1% interanual (algo superior al -1,6% nacional), lo que podría indicar cierta presión sobre los precios industriales o un ajuste de inventarios pese al aumento de la producción física. A pesar del dinamismo productivo, el número de empresas industriales inscritas en la Seguridad Social descendió ligeramente (-0,2%), aunque este ajuste es más moderado que el registrado a nivel nacional (-1,2%).
El sector de la construcción presenta una clara dicotomía. Mientras la edificación residencial pasa por una fase más débil en los últimos meses del año, el número de empresas constructoras inscritas en la Seguridad Social aumentó un notable 2,7% interanual en diciembre, el mayor crecimiento entre todos los grandes sectores. Esta aparente paradoja podría explicarse por el auge de la obra civil y la edificación no residencial (superficie visada aumentó un 77%), que están absorbiendo la capacidad productiva del sector. No obstante, la ruptura con la dinámica de crecimiento previo en este cuarto trimestre podría estar asociada a factores coyunturales temporales, como las condiciones meteorológicas que ya en ese trimestre fueron adversas.
El sector servicios mantuvo un desempeño robusto, consolidándose como el componente más estable de la oferta regional. El índice de cifra de negocios en el sector aumentó un 4,6% interanual en noviembre. Aunque este crecimiento es ligeramente inferior al promedio nacional (5,6%), refleja una actividad sostenida cuyo análisis por subsectores revela dinámicas diferenciadas. Las actividades administrativas y servicios auxiliares lideraron el crecimiento con un avance del VAB del 8,65% interanual, evidenciando la creciente externalización de funciones por parte del tejido empresarial. La hostelería, por su parte, registró un crecimiento más moderado (+1,32%), coherente con la normalización del sector tras los máximos postpandemia, mientras que las actividades profesionales, científicas y técnicas avanzaron un tímido 0,77%. En el lado negativo, el subsector de Información y Comunicaciones experimentó una contracción significativa (-9,23%), un dato que podría reflejar ajustes puntuales más que una tendencia estructural. El número de empresas inscritas en la Seguridad Social en el sector servicios aumentó un 0,7% en diciembre, confirmandoque, en términos agregados, la actividad se traduce en creación neta de tejido productivo.
En cuanto al sector exterior, los datos muestran un escenario complejo. Las exportaciones andaluzas experimentaron un descenso del 2,7% interanual en noviembre, lastradas por la debilidad de la demanda de algunos socios comerciales europeos y la volatilidad de los precios de las materias primas energéticas. Por el contrario, las importaciones crecieron un 4,1%, reflejando la fortaleza de la demanda interna regional, lo que se traduce en una aportación negativa del sector exterior al crecimiento del PIB en el trimestre.
Previsiones
El horizonte económico para el bienio 2026-2027 se presenta marcado por una notable resiliencia de la actividad global frente a shocks geopolíticos y comerciales, aunque bajo un patrón de crecimiento fragmentado y divergente. Las economías españolas y andaluza, en este contexto, se posicionan en una trayectoria de crecimiento sólido, apoyada en una demanda interna vigorosa y una reconfiguración favorable de sus motores productivos.
La economía mundial ha mostrado una capacidad de adaptación superior a la prevista tras la intensa reconfiguración de los flujos comerciales iniciada en 2024. Según la última actualización del Fondo Monetario Internacional (FMI) de enero de 2026, el crecimiento global se ha revisado al alza hasta el 3,3% para 2026, manteniendo un ritmo similar al estimado para el cierre de 2025. Este escenario de «aterrizaje suave» se ha consolidado gracias a una gestión monetaria eficaz que ha permitido devolver la inflación hacia niveles cercanos al objetivo del 2% en las economías avanzadas sin desencadenar una recesión.
Sin embargo, este dinamismo convive con una elevada incertidumbre derivada de las políticas proteccionistas y la fragmentación geoeconómica. El comercio internacional, tradicional motor de la actividad global, atraviesa una fase de ajuste estructural; el FMI proyecta que el crecimiento del volumen comercial se sitúe en el 2,6% en 2026, afectado por el aumento de las barreras arancelarias, pero con mucha menor intensidad de la prevista por el aumento de los aranceles. El balance de riesgos permanece sesgado a la baja, condicionado por la volatilidad en los precios de las materias primas y las tensiones en Oriente Medio, aunque factores de soporte como la inversión masiva en Inteligencia Artificial y la transición verde están actuando como contrapesos tecnológicos que elevan la productividad potencial a medio plazo.
La economía estadounidense ha vuelto a desafiar los pronósticos de desaceleración, ejerciendo de principal motor del ciclo global. El FMI ha elevado la previsión de crecimiento para E.EUU. hasta el 2,4% en 2026, apoyado en un auge de la inversión en tecnología y servicios digitales sin precedentes desde principios de siglo. El consumo privado, sustentado en un mercado laboral que, aunque se ha enfriado gradualmente (con una creación de empleo en torno a los 85.000-100.000 puestos mensuales), mantiene tasas de paro históricamente bajas y ganancias de salario real.
La política de la Reserva Federal ha transitado con éxito hacia la neutralidad, facilitando unas condiciones financieras acomodaticias que estimulan el crédito empresarial. No obstante, la persistencia de tensiones comerciales y la implementación de nuevos marcos arancelarios introducen una variable de volatilidad que podría presionar al alza los precios de los bienes importados a lo largo de 2027. Para este año, se espera una convergencia ordenada hacia su crecimiento potencial del 2,0%.
China afronta un cambio de paradigma en su modelo de crecimiento, gestionando el desapalancamiento de su sector inmobiliario mientras impulsa sectores de alta tecnología (Nuevas Fuerzas Productivas). El FMI proyecta que el gigante asiático crecerá un 4,5% en 2026 y un 4,0% en 2027, reflejando una desaceleración estructural, pero gestionada.
En este contexto, las autoridades chinas han implementado estímulos fiscales selectivos para sostener la demanda interna y compensar el impacto de las restricciones comerciales impuestas por Occidente. La estrategia de diversificación de mercados hacia el Sur Global y la mejora en la eficiencia de su cadena de suministro están permitiendo al país absorber parte del shock arancelario. No obstante, el riesgo de deflación persistente y la debilidad del consumo doméstico siguen siendo los principales retos para que China se acerque a las tasas de crecimiento de la década pasada.
Más allá de las grandes potencias, el resto de Asia emerge como el motor más dinámico del crecimiento global. India está posicionada para ser la gran economía con la expansión más rápida del bienio: el FMI proyecta un crecimiento del 6,4% tanto para
2026 como para 2027, impulsado por reformas estructurales en el sector bancario, la digitalización masiva de la economía y un programa agresivo de inversión pública en infraestructura. Un catalizador adicional son los nuevos acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea, que ha reducido la incertidumbre para los inversores. Por su parte, las economías del Sudeste Asiático se benefician de la reconfiguración de las cadenas de suministro (China Plus One) y del superciclo de semiconductores vinculado a la demanda de infraestructura para inteligencia artificial.
El análisis de las proyecciones para el bienio revela varios factores transversales que condicionarán el éxito de las estrategias nacionales. En primer lugar, la inteligencia artificial ha dejado de ser una mera narrativa de mercado para convertirse en un motor económico real. Según estimaciones del FMI, la inversión en IA añadió aproximadamente 0,3 puntos porcentuales al crecimiento anualizado de las economías líderes en los trimestres recientes. En segundo lugar, la deuda pública global supera el 93% del PIB mundial, limitando el margen de maniobra de los gobiernos para responder a choques externos. Finalmente, el concepto de «eficiencia» ha sido reemplazado por el de «resiliencia» en la planificación económica: la fragmentación del orden global en bloques comerciales competitivos implica que el comercio mundial ya no será un motor de crecimiento incondicional, y el éxito dependerá de la capacidad de asegurar el acceso a recursos, energía y y tecnologías críticas mediante alianzas estratégicas.
La Eurozona, tras un 2025 marcado por la debilidad de su corazón industrial, muestra señales de una reactivación más equilibrada. El Banco Central Europeo, en sus proyecciones de finales de 2025, sitúa el crecimiento del área en el 1,2% para 2026 y el 1,4% para 2027. Esta mejora se fundamenta en la recuperación del poder adquisitivo de los hogares –con un crecimiento salarial nominal proyectado del 3,3% en 2026– y el alivio de los costes energéticos, que han permitido al sector manufacturero alemán estabilizarse (con un PMI compuesto que recuperó el umbral de los 51 puntos a finales de 2025, situándose en 52,1 en enero de 2026).
El consumo privado será el principal motor de la economía, mientras que la inversión experimentará un repunte significativo impulsado por el despliegue final de los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (RRF), cuya fase concluye en agosto de 2026. El mercado laboral mantendrá su resiliencia, con una tasa de desempleo en laUE que podría descender hasta el 5,8% en 2027, a mínimos históricos.
La política monetaria seguirá siendo un factor determinante, con la inflaciónestabilizada en el 1,9%, y el margen para mantener los tipos en niveles neutrales favorecerá la inversión productiva. No obstante, la reactivación de las reglas fiscales europeas exigirá a los Estados miembros un esfuerzo de consolidación presupuestaria, con un déficit público de la UE que se proyecta en el 3,4% del PIB para 2027, al tiempo que el gasto en defensa aumentará hasta el 2,0% del PIB en línea con los compromisos de la OTAN. La divergencia entre el dinamismo de las economías del sur (España, Portugal, Grecia) y la lenta recuperación del norte continuará siendo un rasgo distintivo del bloque. Esta divergencia se reflejanítidamente en los indicadores adelantados: mientras el PMI compuesto de Francia cayó a territorio de contracción (49,1) en enero de 2026, Alemania logró mantenerse en zona de expansión (52,1), aunque lejos del dinamismo mostrado por las economías del sur.
España consolidará en 2026 su posición como la economía más dinámica entre las grandes potencias de la Eurozona. Las previsiones de la Comisión Europea y el FMI sitúan el crecimiento del PIB español en el 2,3% para 2026, cifras que superan ampliamente la media del área euro y que reflejan una capacidad de adaptación notable ante los choques externos. Este diferencial de crecimiento responde a una configuración de la demanda interna más equilibrada y a una menor dependencia de la industria pesada que ha lastrado a economías como la alemana.
Los indicadores adelantados confirman este dinamismo diferencial: el PMI compuesto español se ha mantenido consistentemente por encima del resto de grandes economías europeas durante todo 2024 y 2025, aunque ha moderado desde los máximos de 56,8 registrados en noviembre de 2025 hasta los 52,9 puntos de enero de 2026, reflejando la normalización gradual del ciclo expansivo.
El mercado laboral continúa mostrando una fortaleza histórica. El crecimiento sostenido de la población activa, impulsado por los flujos migratorios que han aportado en los dos últimos años casi un millón de personas, ha permitido aumentar la capacidad productiva sin generar tensiones inflacionistas salariales excesivas. La Comisión Europea destaca que esta integración sostenida de inmigrantes es uno de los factores clave del excepcionalismo español. De hecho, la tasa de paro rompió parael último trimestre de 2025 la barrera psicológica del 10% y podría situarse en el 9,9% en 2026, niveles no vistos en más de quince años. No obstante, el FMI y la OCDE advierten sobre la persistente brecha de productividad de España frente a sus socios europeos, subrayando que el crecimiento actual es intensivo en mano de obra, pero limitado en eficiencia.
El consumo privado se verá favorecido por la recuperación de la renta disponible real, con aumentos salariales negociados que se sitúan por encima de la inflación prevista –en torno al 2,4%-2,5% según BBVA Research–, y por la progresiva reducción de los tipos de interés que aliviará la carga financiera de los hogares hipotecados. BBVA Research proyecta que el consumo privado crecerá un 2,9% en 2026, moderándose al 2,0% en 2027 a medida que el impacto de la bajada de tipos se estabilice.
La inversión se perfila como un componente crítico del crecimiento. La ejecución de los proyectos vinculados al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, alcanzará su pico de impacto en el bienio 2025-2026, con una fecha límite de certificación en agosto de 2026, lo que generará un «efecto de urgencia» en el gasto. BBVA Research prevé avances de la inversión del 6,4% en 2026 y del 5,1% en 2027, destacando que el sector de la construcción podría compensar parcialmente la normalización esperada en el turismo tras el fuerte rebote post-pandemia.
El principal desafío reside en el sector exterior, donde la debilidad de los socios El principal desafío reside en el sector exterior, donde la debilidad de los socios comerciales europeos -especialmente Alemania, Francia e Italia- y la incertidumbre arancelaria global podrían lastrar las exportaciones de bienes. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, así como la inestabilidad en Oriente Medio, podrian provocar nuevos picos en los precios de la energía y disrupciones en las cadenas de suministro. Como contrapartida, las exportaciones de servicios no turísticos, como son la consultoría, tecnología o los servicios financieros, muestran un dinamismo notable, creciendo por encima del PIB y reflejando una ganancia de competitividad estructural. Un reto adicional lo constituye el sector inmobiliario. La brecha entre la oferta de vivienda nueva y la demanda generada por la formación de hogares y la inmigración esta empujando los precios al alza, con incrementos proyectados del 6%-9% en 2026, lo que detrae recursos del consumo y limita la movilidad de los trabajadores hacia los focos de empleo más dinámicos.
Dado todo lo anterior se deriva que las perspectivas para la economía andaluza en el cierre de 2025 y durante el bienio 2026-2027 apuntan a un escenario de crecimiento sólido y diferencial positivo respecto a la media de la Eurozona.
En Andalucía, el mercado de trabajo continuara su proceso de convergencia, proyectándose la creación de unos 180.000 empleos netos entre 2025 y 2026. Este ritmo permitiría reducir la tasa media de paro a niveles históricamente bajos para la región, aunque todavía alejado del 9,8% nacional. Al igual que ocurre en el conjunto de España, los flujos migratorios, aunque de menor intensidad que en el conjunto del país, están contribuyendo a ampliar la población activa sin generar tensiones salariales excesivas, aunque persisten cuellos de botella en la oferta de mano de obra cualificada en sectores como la construcción, la agricultura y la hostelería.
Un factor diferencial clave para Andalucía es el aumento del gasto en defensa en España y Europa, que ascenderá hasta el 2,0% del PIB en línea con los compromisos de la OTAN. Dada la especialización de la industria regional en este sector –especialmente en las provincias de Sevilla y Cádiz, donde se concentran plantas de Airbus, Navantia e industrias auxiliares–, se espera que esta actividad aporte un impulso adicional al PIB industrial andaluz y compense parcialmente la debilidad de la demanda externa europea.
La inversión muestra un dinamismo superior al registrado en el conjunto nacional. Los indicadores adelantados de construcción reflejan un crecimiento de visados de obra nueva del 18,6% en Andalucía, frente al 8,6% a nivel estatal, lo que anticipa un repunte significativo de la inversión residencial en los próximos trimestres. A ello se suma la obra pública vinculada a infraestructuras hidráulicas y la ejecución de proyectos del Plan de Recuperación, y que generará un efecto de urgencia similar al observado a escala nacional.
El sector servicios y el turismo mantienen su papel como motores estructurales de la economía regional. A pesar de haber alcanzado niveles récord de visitantes, el turismo andaluz conserva capacidad de atracción, beneficiándose de la caída proyectada de los precios del petróleo -en torno a los 64 dólares por barril para 2026- y de la mejora de la conectividad aérea. En este orden de cosas, sin embargo, el impacto del accidente de Adamuz del pasado enero tendrá un impacto negativo en las cifras del sector en el primer trimestre de 2026. Más allá de esta cuestión, y al igual que en Baleares o Canarias, para el conjunto del año cabe esperar una normalización del crecimiento turístico tras el fuerte rebote post-pandemia, lo que refuerza la importancia de diversificar los motores productivos regionales.
En el balance de riesgos para Andalucía en los últimos años se han incluido los provocados por el cambio climático, singularmente las altas temperaturas y las limitaciones hídricas. Para 2026 se tendrán que precisar los provocados por las lluvias torrenciales de finales de enero y principios de febrero, que están produciendo un impacto negativo muy notable en las cosechas (aceituna, frutales y cítricos) y potenciales pérdidas en otros cultivos debido a inundaciones, encharcamientos prolongados y daños en los cultivos en floración. Las Estimulaciones provisionales de los daños se sitúan en unos 3.000 millones de euros (equivalentes a un 20% de la Producción Final Agraria), a lo que habrán de sumarse los efectos en las infraestructuras de transporte regionales, las edificaciones y otros activos productivos de la agricultura y de otros sectores productivos y que podrían ser parcialmente compensadas por un esfuerzo inversor de reparación que se prevé significativo.
El acceso a la vivienda asequible emerge como un reto compartido con el resto de España: la brecha entre oferta y demanda está empujando los precios al alza y podría limitar la movilidad laboral hacia los polos urbanos más dinámicos como Málaga y Sevilla, donde se concentra buena parte de la creación de empleo.
En conclusión, Andalucía se encamina hacia un periodo de normalización del crecimiento tras el excepcional rebote de los últimos años, consolidando un nivel dePIB que a finales de 2026 se situará previsiblemente un 12% por encima de los registros de 2019. Esta trayectoria demuestra una resiliencia estructural que permite ala región navegar en el complejo entorno internacional actual, aunque el éxito a medio plazo dependerá de su capacidad para resolver los cuellos de botella en vivienda y mano de obra cualificada, y para transformar el impulso de la defensa y los fondos europeos en ganancias permanentes de productividad. No obstante, el impacto del temporal de finales de enero y principios de febrero tendrá un impacto significativo en el crecimiento del año, aunque a fecha de realización de este informe es difícil precisar su entidad.
Por todo lo anterior, el Observatorio Económico de Andalucía (OEA) proyecta que el PIB regional crecerá un 2,0 en 2026, unas tres décimas inferior al nacional, pero superando ampliamente el 1,2% previsto para el conjunto del área euro.
