RESUMEN DE LA CONFERENCIA DE JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ SERRANO SOBRE “EL NUEVO ORDEN COMERCIAL INTERNACIONAL”
En general, las potencias dominantes en cada momento histórico han implantado el orden económico mundial con las reglas que a ellas les han interesado y lo mismo ha ocurrido con el que ahora se está desmoronando, pero en este caso la incorporación al comercio internacional de los demás países se fue haciendo desde bastante pronto; incluso se invitó a la Unión Soviética y al bloque de los países comunistas que ella dirigía a que participaran relativamente pronto, de la misma manera que cuando la China comunista decidió terminar con su aislamiento también fue aceptada en los organismos internacionales. Si la Unión Soviética no quiso en un primer momento, la China de Deng Xiaoping, tras la revolución cultural, si tuvo interés porque ya se estaba demostrando la ventaja que suponía el comercio internacional para alimentar mejor a las poblaciones de todos los países.
El comercio internacional se multiplicó por 45 desde los años cincuenta hasta hoy, primero lentamente (más o menos hasta los años ochenta), pero luego con mayor fuerza como consecuencia de cambios en los sistemas de producción como la fabricación a través de complejas cadenas globales de valor, o en el transporte, como la creación de los contenedores para el transporte marítimo, y luego en la comunicación, la creación de internet y con ello poder controlar a distancia los procesos de fabricación.
Todo ello permitió a muchos países industrializarse y formar parte de la economía mundial. Desde 1980, el PIB mundial se ha multiplicado por tres, el PIB per cápita por dos (en los países pobres por más), más de 1.500 millones de personas salieron de la pobreza y se produjo la época de mayor prosperidad de la historia, con gran reducción de la desigualdad entre países. Pero todo ello se paró en la gran crisis de 2008: desde entonces las exportaciones mundiales en relación al PIB se han mantenido estables. Una serie de acontecimientos adversos como la crisis financiera de 2008, el incremento de los movimientos migratorios, el “brexit”, la covid-19, la guerra de Ucrania y luego la segunda etapa de la presidencia de Donald Trump y las guerras que ha iniciado con Israel en Gaza/Palestina e Irán, han generado una “crisis permanente”.
Los Estados Unidos y China hacen lecturas contrapuestas de lo que está ocurriendo, sobre todo cuando Trump llega al segundo mandato: para él el problema es que sus exportaciones caen y las importaciones suben (y eso debe ser corregido), mientras que Xi Jing Ping entiende que la economía tiene que permitirles exportar y poder mejorar la situación económica de su población, que además tiene los hábitos de la producción más interiorizados que en Occidente. Como también en los demás países occidentales se hacen lecturas de que sus economías van perdiendo peso y eso lleva a la contestación social de los sectores perjudicados, las decisiones que se toman ponen en marcha una reorganización del comercio que ya no se basa en la racionalidad y la eficiencia, sino en las políticas de seguridad nacional, en la reindustrialización, en el uso de los aranceles como arma de guerra comercial, en el control de las exportaciones, en las subvenciones a las empresas y en el control de las grandes, sobre todo en los países donde eso puede hacerse, los totalitarios, en los que la economía está dirigida por los gobiernos.
Hoy lo que puede decirse es que hay una gran fragmentación geoeconómica, que la época de las reglas compartidas parece que se acaba, pero no la de los acuerdos comerciales entre los grupos de países y en eso puede basarse una buena política internacional de Europa, como se ha hecho con el Mercosur o puede hacerse con el Sur Global.
En las intervenciones, hubo una amplia coincidencia en la preocupación sobre el papel de Europa, sobre la cual el conferenciante empezó señalando que el proceso de integración se había centrado excesivamente en cómo llevarla a cabo con regulaciones que no habían favorecido la aparición de grandes empresas y ha dejado en inferioridad de condiciones a la economía europea. Como tampoco ha habido una política coordinada en aspectos tecnológicos y sobre las relaciones a mantener con los grandes actores, que hoy ya son solamente dos, Estados Unidos y China, la Unión Europea no tiene papel relevante en el concierto mundial.

