Sesión «Economía y defensa: el precio de la libertad»

RESUMEN DE LA CONFERENCIA DE ENRIQUE BIOSCA, TENIENTE GENERAL (RETIRADO), SOBRE “ECONOMÍA Y DEFENSA. EL PRECIO DE LA LIBERTAD”

El conferenciante empezó señalando que “existe una relación entre seguridad, defensa y disuasión con libertad, tanto individual como colectiva, y soberanía nacional”, lo que no solo es aplicable a las fronteras y aguas territoriales sino a muchos otros ámbitos de las relaciones internacionales, para llegar a lo que calificó como axioma: “la soberanía no ejercida, se pierde”. De ahí que los tres poderes con los que cualquier país cuenta para realizar su acción exterior sean la diplomacia, la economía y las fuerzas armadas y que “un razonable equilibrio entre ellos sea lo idóneo para garantizar la credibilidad internacional de un país” y que la carencia de alguno de ellos lo conviertan en poco fiable o irrelevante.

Pasó después a exponer lo ocurrido tras la desmembración de la Unión Soviética hasta desembocar en el escenario actual en el que Rusia ha manifestado su objetivo de recuperar el protagonismo perdido, China emerge como gran potencia y, en Occidente, la Unión Europea comprende que no puede seguir dejando en manos de su compañero de alianza, los Estados Unidos, la responsabilidad de su defensa y, en el seno de la OTAN, aprueba en 2014 elevar los presupuestos para ello de los países miembros hasta el 2% del total. España en ese momento no llegaba al 1% y solo en los últimos años se han dado pasos hacia el cumplimiento del objetivo acordado, acumulando así un gran desfase que ha venido a ser multiplicado por la exigencia de Estados Unidos de subirlo al 5%, lo que ha sido rechazado por el gobierno de España.

Tras exponer el complejo sistema que supone hoy el reforzamiento de las capacidades militares de un país y la pérdida de algunos proyectos europeos para reforzarlas que se han producido en los últimos años, el conferenciante señaló también cómo se han dado pasos para articular mejor el doble escenario de las políticas de defensa entre las competencias de los gobiernos nacionales y las que se han ido atribuyendo a la UE, considerando como la más importante que el año pasado se sacó adelante el Libro Blanco de la Defensa Europea en el que se propone el objetivo de llegar al 3,5% de los presupuestos nacionales para reforzar la capacidad industrial en el sector de la defensa. También se ha creado un programa de préstamos a los países para proyectos dotado con 150.000 millones de euros, de los que España ha solicitado solo 1.000 millones frente a lo que han hecho otros países como Francia e Italia (16.000 y 14.000, respectivamente), siendo Polonia el que ha llegado a la cifra más elevada, 47.000 millones. Por otro lado, la previsión es que el Marco Financiero Plurianual que se discute ahora va a poner sobre la mesa 410.000 millones de euros, de los que 170.000 se van a dedicar a proyectos de investigación y defensa. Además, se precisa soberanía tecnología que no se puede conseguir cuando se deriva la capacidad de fabricación en otros países.

Pero lo fundamental es que estamos en un proceso de consolidación transnacional porque mientras que en Estados Unidos se ha producido ya la concentración de la industria, en Europa se mantiene la competencia entre países. Incluso algunos programas han alcanzado un éxito relativo por exigencias que no tienen sentido dentro de un esquema integrado de defensa europea cooperativa e incluso hay programas nuevos avanzados que están descarrilando por diversos motivos. De todas formas, en esta materia lo más importante es un trabajo hacia la opinión pública: “hace falta que exista un apoyo popular hacia la inversión en defensa como ya lo hay en otros países europeos, especialmente los fronterizos con Rusia”.

En el coloquio, se preguntó por la situación del Eurocuerpo como ejército europeo, siendo el conferenciante taxativo en afirmar que como tal no existe, porque aparte de la complicación de cuestiones logísticas de capacidades y otros asuntos, no hay voluntad de los países. De la misma forma, también fue muy contundente al responder a cuál es el modelo de defensa que hemos adoptado en España, diciendo que ha variado según el gobierno de cada momento para concluir que “mientras no exista una postura consensuada entre los partidos representativos con visión nacional y debatida en las instituciones correspondientes es muy difícil trazar el modelo de fuerzas armadas que debe existir”.

 

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