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Encuentro digital OEA: » La economía post-Covid. Una nueva realidad financiera»

 

 

 

 

 

SÍNTESIS DE LA EXPOSICIÓN DE SANTIAGO CARBÓ VALVERDE “LA ECONOMÍA POST-COVID. UNA NUEVA REALIDAD FINANCIERA”

 La pandemia del Covid-19 es un desafío para el conocimiento científico y el control epidemiológico. En la resolución de esta pandemia saldrán con más fuerza aquellos países con una fuerte cohesión institucional, en los que los principales actores políticos, económicos y sociales se apoyen entre ellos. En este contexto, las entidades financieras de todo el mundo se presentan como agentes fundamentales en el proceso paliativo actual para frenar las consecuencias negativas de la pandemia, pero también lo serán en la recuperación.

En esta crisis, su imagen puede salir fortalecida, a diferencia de la anterior. Aunque hay diferencias en las acciones aprobadas por los gobiernos de los países (subsidios, ayudas directas, moratorias, garantías distintas), tienen el denominador común de la importancia de los bancos y demás entidades en los canales de financiación y en la cadena de pagos.

También los bancos centrales han actuado con contundencia desde el comienzo de esta crisis. La Reserva Federal americana y el Banco de Inglaterra -al igual que otros bancos centrales en Latinoamérica- han bajado tipos de interés y han aumentado notablemente sus programas de compra de bonos (quantitative easing).

No menos importante era adaptar el marco bancario de regulación prudencial a la excepcionalidad. El reconocimiento de la pérdida esperada es una herramienta prudencial esencial, pero, en tiempos de shocks negativos, es preciso también que se produzca un cierto alivio macroprudencial.

La contundencia fiscal (medida como porcentaje del gasto público comprometido sobre el PIB) en las respuestas ha sido asimétrica. El menor margen fiscal que tienen algunos de los países más afectados en Europa (Italia, España) ha abierto el debate sobre una respuesta fiscal a escala europea. Es clave que la UE también ayude a propiciar una financiación efectiva. Las últimas noticias desde la UE son más alentadoras en este sentido. Aun así, no se pueden descartar tensiones, tanto en los países más afectados por la crisis sanitaria, que coinciden con algunos de los que tienen peores situaciones de partida, en función del volumen de su deuda pública o de su déficit, o en el tejido empresarial más débil, que podrán afectar a sus financiadores.

El concurso activo de las entidades financieras parece esencial. De hecho, muchas medidas públicas ponen en las entidades bancarias gran parte de la responsabilidad. Destacan tres medidas: la moratoria en el pago de préstamos, la financiación bancaria con garantía estatal, para mantener el pulso de la actividad y las inyecciones de capital directas en empresas, para reforzar la solvencia. Será clave el músculo financiero, el know-how y la capacidad y “expertise” de análisis de riesgos del sector bancario. Si hay un sector central, es el financiero, el pilar de la tan necesitada liquidez para empresas y ciudadanos en todo el mundo.

Por último, las entidades financieras han optado por una estrategia anticipativa: asumir los costes para poder entrar de lleno en la batalla. En el primer trimestre de 2020, los bancos han realizado ingentes provisiones para recoger la pérdida esperada por el Covid-19, por el deterioro de activos. Con este reconocimiento se puede afrontar desde una perspectiva más realista el reto de la financiación, si bien ello no significa que no pueda haber tensiones que obliguen a llevar a cabo fusiones que en algún caso puedan ser dramáticas.

En definitiva, nos aproximamos a una realidad financiera con más deuda privada y sobre todo pública y con el mantenimiento del papel vital de los bancos centrales. Asimismo, nos encontraremos ante una mayor morosidad y numerosos retos para el sector financiero pero que pueden ser una oportunidad para mejorar su reputación y visibilidad de su papel en la economía y la sociedad.

A preguntas de los asistentes digitalmente, el conferenciante afirmó que algunas de las acciones que se han puesto sobre la mesa en España (subida de los impuestos de manera parcial, a empresas o grandes fortunas) pueden aportar muy poco en el ámbito de la suficiencia fiscal  y que cualquier reforma del sistema impositivo debía incluirse como parte de un programa de reformas mucho más amplio, que favorezcan la sostenibilidad del sistema de pensiones, el mejor funcionamiento del mercado laboral o la generación de confianza en los inversores. En ese sentido, también reclamó que las reformas debían consensuarse con los agentes económicos y sociales y con los grandes partidos políticos, si bien se mostró escéptico sobre el particular porque “somos muchos los que llevamos mucho tiempo hablando en este país sobre la necesidad de un paquete de reformas económicas y de otras cuestiones que inciden en la capacidad productiva sin que en la política haya el menor debate en serio sobre ellas”.

También dijo que las exigencias que puedan venir de la Unión Europea como parte de los programas de ayudas para afrontar la crisis económica deberían entenderse por el gobierno de España como acciones para sanear nuestra economía o impulso para las reformas que se deberían haber abordado desde hace años.

Las acciones para afrontar la crisis fueron calificadas por el ponente como acertadas y en línea con las que se han impulsado en los demás países, pero también algo timoratas, en función del menor volumen financiero que suponen en relación con el peso de la economía española, pero que nuestro margen financiero no permite otra cosa; en función de ello, no descarta que los problemas se extiendan en las empresas en el medio plazo. En relación con la capitalización de las entidades financieras, dijo que no debe haber problemas porque se ha aumentado sustancialmente la que existía en la crisis iniciada en 2007, si bien las de España son de las más bajas de la UE.

Finalmente, preguntado sobre si con el nivel de deuda pública que se espera en un futuro próximo (120% sobre el PIB) y el aumento tanto de los intereses para pagarla (de unos 30.000 millones de euros anuales a 40.000) y del déficit, lo que conlleva la necesidad de un crecimiento económico elevado, mínimo del 3,5% anual, existe riesgo de solvencia, no lo descartó y añadió que alcanzar ese nivel de crecimiento no es fácil con el modelo actual de la economía española, cuya única salida es un aumento importante del nivel de innovación y digitalización.