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Reformas, recortes e ideología

Los gobiernos en Europa tienen que fortalecer las finanzas públicas a largo plazo, reducir el déficit estructural y hacer viables los gastos en pensiones y sanidad

La profundidad y prolongación de la crisis está generando una intensificación del debate acerca de cómo salir cuanto antes de esta situación, que en España tiene como manifestación más dolorosa los más de seis millones de parados que desearían conseguir un puesto de trabajo. El aumento de la pobreza es la secuela más dura.

El debate sobre cómo salir con rapidez tiene un denominador común: que sólo saldremos de la gran recesión si la economía vuelve a crecer. Pero lo que no es compartido es el conjunto de medidas que hay que adoptar para hacer efectivo el crecimiento.

Tradicionalmente, la izquierda, en España y en Europa, ha adoptado una perspectiva activista de la política económica, que hunde sus raíces modernas en algunos de los mensajes principales de la obra de John Maynard Keynes. El cambio de unas economías cerradas y con tipos de cambio fijos -como eran en la época en la que Keynes desarrolló su obra- a otras abiertas y con tipos flexibles, obligó a una profunda actualización de los mensajes.

A pesar de la actualización, la visión neokeynesiana del comportamiento macroeconómico de los países no ha incorporado en su núcleo algunos de los cambios estructurales que se han producido en las economías. La apertura y fuerte competencia provocada por la globalización, la desaparición de las monedas nacionales en la UE y la creciente deuda pública, que alcanza récords históricos en épocas de paz, se encuentra entre los elementos más importantes no incorporados.

Adicionalmente, las políticas derivadas de la visión keynesiana se han puesto en práctica durante el periodo más largo de prosperidad registrado: el que abarca el final de la II Guerra Mundial hasta finales de la década pasada, aún con dos episodios recesivos en 1973 y 1980, muy intensos, aunque cortos comparados con la actual situación. Paralelamente, los estados de bienestar se han construido y desarrollados durante el mismo periodo.

Los periodos recesivos se acortaron utilizando políticas monetarias y fiscales, de manera que el consumo de las familias, la inversión de las empresas y del propio Estado, y el incremento de las exportaciones, elevaban la actividad y la creación de empleo con relativa rapidez. La pérdida de competitividad con el exterior se ajustaba muy rápidamente devaluando la moneda. Descartada esa vía nacional para salir de la actual crisis, se cuenta con dos vías para remediar la situación.

Una primera proviene del resto de la UE en un doble sentido. Primero, permitir que el objetivo de déficit se relaje, permitiendo a los países mayor margen durante más tiempo. La Comisión ya lo está haciendo con España y otros países. Debería haberse hecho mucho antes. Y segundo, que los países que tienen margen para incrementar su gasto público y privado -especialmente Alemania- lo lleven a cabo para estimular la demanda interna. Esto permitiría un incremento de nuestras exportaciones hacia esos mercados.

Se han exagerado, sin embargo, las expectativas acerca del efecto que sobre el crecimiento y el empleo depararía esa política. Sólo de manera marginal un incremento de la demanda interna alemana contribuiría a salir de la crisis, por dos motivos. Para exportar más a Alemania y a otros países tenemos que cambiar nuestra estructura productiva: no podemos exportar muchos más tomates, pero si podríamos hacerlo con bienes más sofisticados. Pero para que esto suceda, la estructura productiva tiene que cambiar y esto lleva tiempo. El segundo motivo es que en cuanto empezáramos a crecer más rápidamente, el déficit por cuenta corriente volvería a aparecer y habría que financiarlo. Dadas las limitaciones financieras que padecemos, esto representaría una importante restricción.

El ajuste, en el sentido indicado, lo están llevando a cabo las empresas de manera admirable, sobre todo exportando fuera de la UE, con el apoyo del Ministerio de Exteriores, el ICEX y las agencias de las comunidades autónomas. Se ha conseguido mucho: superar a Alemania en el mantenimiento de la cuota de exportaciones a nivel mundial; ser la economía europea en donde más crecen las exportaciones en los últimos 5 años, etc. El crecimiento exterior se está consiguiendo sin que Alemania crezca más.

La segunda vía de crecimiento proviene del propio mercado interno, mejorando la competitividad y el potencial de crecimiento de la economía. Buena parte de la competitividad exterior se ha recuperado a través de la moderación salarial y el aumento de la productividad.

Ni en España ni en ningún otro país de la Eurozona existe hoy la opción que tradicionalmente se ha utilizado para salir de las crisis: expansión del gasto público corriente y de inversión financiado con emisión de deuda. Los gobiernos en Europa tienen que utilizar políticas microeconómicas para ayudar a la salida de la crisis, fortaleciendo las finanzas públicas a largo plazo, reduciendo el déficit estructural y haciendo viables los gastos que legitiman democráticamente a los gobiernos, especialmente, por su volumen, los gastos en pensiones y en sanidad. La mayoría de los gobiernos responsables en Europa están acometido esas reformas.

Recortes en el corto plazo para salvar la situación fiscal. Reformas a largo plazo para sentar las bases del crecimiento futuro. Estos son los retos, porque con la misma estructura productiva ni España ni la mayoría de los países europeos podrán crear riqueza y empleo. No puede servir de excusa la posición de Alemania para no llevar a cabo las reformas necesarias.

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